Ray Bradbury, poeta de la ciencia ficción

 

 

El icónico escritor estadounidense de ciencia ficción Ray Bradbury  fue un poeta preocupado por la supervivencia espiritual de la humanidad ante el materialismo de la sociedad.

Autor de clásicos del género, como ‘Fahrenheit 451’ (1953), inspirada en la quema de los nazis de libros escritos por judíos, y ‘Crónicas marcianas’ (1950), sobre los riesgos de deshumanización ante el avance la ciencia, Bradbury dejó una obra aleccionadora sobre los peligros del futuro.

Bradbury vendió más de ocho millones de ejemplares de sus libros, que fueron traducidos a 36 idiomas.

Preguntado una vez sobre su proceso creativo, respondió que “la escritura se parece a un núcleo de pasión recubierto con una capa de inteligencia”, que “sólo debe servir para asegurar que no cometemos grandes errores. En la vida como en la escritura, se debe actuar por pasión: la gente ve que uno es honesto y perdona mucho”, subrayó.

En el 2010, en una entrevista con el diario ‘Los Angeles Times’, el autor, conocido por su franqueza, opinó que Estados Unidos podría hacer una “revolución” para acabar con el excesivo poder del “gobierno”.

También dijo que Estados Unidos debería “volver a la Luna”: “Debemos ir a la Luna e instalar una base, lanzar un cohete a Marte, y luego ir a Marte y colonizarlo”.

Casi paradójicamente, también manifestó en esa entrevista su poca comprensión de la tecnología: “Tenemos demasiados teléfonos móviles, demasiado internet. Deberíamos deshacernos de esas máquinas, hay demasiadas hoy”, dijo, felicitándose por haberse negado a publicar sus libros en medios electrónicos.

Autor prolífico (500 cuentos, 30 novelas, poemas), Bradbury también escribió muchas obras de teatro y guiones para películas, como ‘Moby Dick’ (1956) de John Huston, y para televisión, incluyendo ‘The Twilight Zone’ (La Dimensión Desconocida, en Latinoamérica) y episodios de ‘Alfred Hitchcock Presents’.

“La gran diversión en mi vida ha sido levantarme cada mañana y correr a la máquina de escribir porque alguna nueva idea se me había ocurrido”, declaró en el 2000.

Adaptada al cine en 1966 por François Truffaut, su novela ‘Fahrenheit 451’ (1953), inspirada en la quema nazi de libros escritos por judíos, hablaba de los peligros de la censura y el control de las ideas en un mundo totalitario.

La obra se inscribe en la brillante tradición de los grandes libros “distópicos” (por oposición a “utópico”), describiendo sociedades donde un gobierno central autoritario oprime a la totalidad o parte de sus ciudadanos.

Este género, previamente expuesto en ‘Un mundo feliz’ de Aldous Huxley y ‘1984’ de George Orwell, llegó al público en general con Bradbury, y sigue siendo muy popular actualmente, como lo demuestra el éxito de la saga ‘Juegos del Hambre’, de la estadounidense Suzanne Collins, llevada hace poco al cine con gran éxito.

Ratón de biblioteca en Los Ángeles
Nacido 22 de agosto de 1920 en Waukegan (Illinois, norte de los Estados Unidos), después de diez meses y no nueve en el vientre materno -a lo cual él atribuía su memoria excepcional- Raymond Douglas Bradbury descubrió la literatura a los siete años con Edgar Allan Poe.

Hijo de un padre ingeniero y una madre de ascendencia sueca, Bradbury tenía 14 años cuando la familia se mudó a Los Ángeles. Y apenas 17 cuando su cuento ‘Script’apareció en una revista de ciencia ficción.

Se graduó en 1938 pero no fue a la universidad y se concentró en realizar estudios en una biblioteca local, leyendo a autores como León Tolstói o Fiódor Dostoyevski entre otros, a la vez que vendiendo periódicos en la calle.

Después de publicar su primer libro, la colección de cuentos de terror ‘Dark Carnival’ (1947), se hizo famoso con ‘Crónicas marcianas’ y ‘Fahrenheit 451’, llevada al cine por Francois Truffaut en 1966.

Fue en la biblioteca de la Universidad de California, según contó, que nació ‘Fahrenheit 451’, en una máquina de escribir en la que era necesario introducir una moneda.

Luego escribiría las famosas ‘El vino del estío’ (Dandelion Wine, 1957) y ‘La feria de las tinieblas’ (Something Wicked This Way Comes, 1962), así como la recopilación de relatos ‘Las maquinarias de la alegría’ (1964, The Machyneries of Joy) y sus primeras obras de teatro.

El escritor, que además de una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood tiene un asteroide que lleva su nombre: ‘9766 Bradbury’, también incursionó en el cine y la televisión, con una nominación al Oscar por su película de animación de 1962 ‘Icarus Montgolfier Wright,’ y un premio Emmy como guionista de TV por ‘The Halloween Tree’.

“No se preocupe por las cosas. No se presione”, dijo una vez. “Sólo haga su trabajo y sobrevivirá. Lo importante es divertirse, ser feliz, ser amoroso y ser explosivo. Fuera de eso viene todo lo demás y uno crece”.

En 1985, tras un paréntesis de 23 años, Bradbury regresó a la novela con ‘La muerte es un asunto solitario’ (Death is a Lonely Business), seguida de varias obras más.

El escritor sufrió un derrame cerebral en 1999, pero se las arregló para regresar al trabajo, dictando a su hija ‘De la ceniza volverás’ (From the Dust Returned).

“Lo más importante es dedicar el tiempo a ser uno mismo”, decía Bradbury, a quien le gustaba citar sus dos principios básicos: “¡Al diablo con eso!” y “Haz lo que tienes que hacer”.

Cuatro hijas y ocho nietos sobreviven al escritor, cuya esposa, Marguerite, murió en 2003 tras 57 años de matrimonio.

 

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