Del libro «La urgencia de la fruta» de Kenneth Cumba

 

 

HORMA DE IRMA EN IRME

 

Con la lengua casi en indio te pregunto:
¿La habré cagado ya para siempre?

¿Habrán sido acaso todos esos libros
desperdigados
en la precariedad del estornudo?

¿Podría hacerme pues
el paño seco y blanco
mientras salgo a la calle
o veo una película?

¿Rondará como antena
la esperanza debajo
de no soñar esta noche
de reírme genuinamente
de las ocurrencias del protagonista
de llorar conforme a los momentos que lo exijan
con la cara levantada donde tuerza el agua
con las manos temblorosas en su monte por ciento?

Los personajes conversaron largo y tendido.
Finalmente se murieron de mirarse tanto.
De su lado en el oeste la ceniza llovía.
La tormenta se llevaba el pino que sembró de niño en el lado de ella.

Esperé hasta que acabaran los créditos y decidí llamarte.

 

 

 

ME VOY AL PAÍS DE RUBÉN
sin luces ni promesas.

Afuera llueve y tú me dices
que me lleva hacia ti.

En la oscuridad de los conductores
ahora puedes llorar
sin que resuene en el camino.

Como los pájaros de explicarte
que la mano tiembla.

Que enamorarse es una película de terror
y que nadie se tomó la molestia de explicarnos
por qué el amor apura flores.

Qué susto de parques más puñetero.

Este sol así
es una broma pesada.

Al menos algunas pesadillas nos despiertan
con gratitud ante los riesgos.

Sujetos los cuatro extremos
muerto el héroe y el villano
deseo que las palabras te sean fieles.

Las mías caminan
con el dedo apretando el ascensor.
El número del piso
se busca en un espejo.
La cámara
de alguna manera
las mira entrar.

La puerta tiene contraseñas
que me llevan a ti.

Llueve y tú me dices
ha pasado demasiado tiempo.

Pero a mi la línea recta
me produce calma.
La línea curva ya la presentía
allí donde el viento toca más de cerca.
A mediados de mes
ya no no queda
nada del cheque.

Cada vez hay menos visitas
se despiden los amigos
a simple vista se distinguen
los achaques cardíacos.

El polvo será el dueño de esto
hasta por lo menos diciembre.

 

 

HABLEMOS ENTONCES DE CUÁN SOLOS.

Hablemos entonces de las cartas
de las cifras
de las fotos.

Hoy que las canciones abundan
mientras separo la composta de mañana
el sol
se aparata distinto entre las pieles.

La cocina es inmensa
un concierto
quisiera poder contarte.

¿Qué es lo que se escribe
generalmente en las postales?

1. Me sigo fumando una cajetilla al día.

2. ¿Seré yo tal vez el único
con esta extraña sensación de cicatriz
con este adiós medio a medias?

3. Me dicen que me veo más contento.

4. Llevo un mes aquí
y todavía salgo
con el pasaporte en la mochila.

5. Suelo ver instancias de tu persona en las calles.

6. Sé que hay demasiado entre nosotros
como para
no volver a vernos.

7. ¿Cuál de todos estos caninos
restituirá la ternura?

8. A veces pienso en tu cuerpo y me lamo las heridas.

9. A veces
pienso en tu nombre
y ladro de la rabia.

10. Las cosas más pequeñas
se cimentaron con el agua.
Aun puede vérsele al sujeto
el deslave en el rostro.

11. Los que lo vieron comentan
que no volvió a ser el mismo.
Que le daban arranques
y amenazaba a todos
con regresar a casa.

 

 

__________________________________________________________

 

Kenneth Cumba (Carolina, Puerto Rico, 1992).  Tiene el libro “La urgencia de la fruta” con poemas publicados local e internacionalmente.

Cumba

 

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