Tres poemas de Luis Francisco Cintrón

 

 

MAÑANAS

Hoy recordé
las mañanas,
el olor a palpitaciones
y los músculos del encierro;
me obligaron a respirar.
Arriba permeaban
las sonrisas titilantes,
el bostezo de un sol
prometedor,
la tranquilidad
de mis aspiraciones.
Ni las incisivas
punzadas en la cabeza,
los hombros abiertos
ni la espalda agrietada
lograron
con su amenaza
amordazar la clemencia
implorada
por cada refugio
dentro de mi cuerpo.
En esta mañana
encontré otra cosa,
una realidad
con su página en blanco,
una larga escalera
de puertas barnizadas
con preludios,
robles amarillos
y guarapo.
Presiento el aullido
de una tierra nueva
y sus distancias,
las constelaciones
desde el Atacama,
la polinización de las venas;
las virtudes de mañanas que
se dejan agarrar…
y las amaso,
recuerdo,
integro.

 

 

NI LAS MIGAJAS

Aspiré su silueta,
entre columnas de vapores
de un mismo suelo,
salté desde debajo de
sus polvos regados
por mi inconsciente;
convergencias de latidos
y ecos dentro de un caracol.
Aspiré su silueta,
bramidos,
contorno liso,
conversación
entre cascabeles del desierto,
una sonrisa coqueta,
otra lamida libertina,
chocolate derretido
en la punta de los labios;
la aspiré completa,
completa,
completa…
Aspiré su diámetro
suspendido sobre
mi crujir de madera
y golpes de manos sudorosas
sobre un tambor.
Volamos a través de
aguaceros de especies,
trazos de noches hechas
con carbón destilado,
fundimos repetitivos gemidos
de la aurora…
Instintos y fluidez.
Bramidos.
Como si la historia
nos hubiera repetido
el gusto de absorbernos,
luego de décadas
y otros rostros,
olores
y metales de voz.

 

 

BOSQUE SIN MARIPOSAS

Desde cerca se ve un árbol
que invita
a mecerse en él,
sea sentado
en una madera muerta,
atravesando
una goma usada,
o con un nudo de soga
en la garganta.
Atrás,
un sol cómplice,
anuncia la tarde,
funge de espía para la noche,
mantiene una claridad necesaria,
aliciente,
para el mecedor.
Desde una decena de metros de distancia,
se muestra
una arteria endurecida,
pulmón sin paredes,
corazón ambulante,
dentro de la indecisión de
un trasfondo naranja,
que escupe sombras a los ojos
y se divierte con el cinismo
del momento.
Desde arriba,
otra esperanza con sus
dedos entrelazados,
y quizás,
una fiesta de bienvenida…
Desde abajo,
quién sabe,
tal vez sea más de lo mismo,
un bosque sin mariposas,
otra mierda,
con una respuesta similar.

 

 

__________________________________________________________

 

Luis Francisco Cintrón Morales nació en San Juan, Puerto Rico en el 1976.  En 2013, publicó su poemario Microgramas de sol con la editorial Casa de los Poetas y en el 2015, su libro de narrativa La Ciudad en mi estómago, con la editorial Verde Blanco Ediciones. En 2016, llega su segundo libro de narrativa, Hilos de Pangea, a cargo de la editorial Raíces y su segundo poemario, Gris, edición de autor. En 2017, publica Tu Constantino, novela corta, edición de autor. Sus poemas, columnas, ensayos y cuentos han sido publicados en varios blogs, antologías y revistas electrónicas de Puerto Rico, México, Argentina y España.

 

LUIS

 

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