Cuento breve: Antonio Nazzaro

Ella era una sonrisa él una mueca fumando qué hacían estos dos juntos por qué se hablaban como desde siempre y porque se tenían de la mano. La pregunta era tan grande que decidieron que la única respuesta eran ellos y en aquel momento sin darse cuenta se besaron.

Ella tenía cómo dibujar los días él los llenaba de palabras que iban detrás de dibujos indefinidos que contaban el uno al otro como no se puede mezclar palabra y dibujos pero no importaba todo tenía su color todo tenía su justa confusión y ella sonreía y él fumaba y de vez en cuando para no perder la costumbre se besaban o se hacían una caricia que eran mucho más que dibujos y palabras.

Había momentos en que ambos se paraban dejaban el lápiz y la pluma y empezaban a dibujar su cuerpos y llenarlos de palabras que solo ellos podían ver y escuchar… eran momentos fantásticos sus cuerpos se dibujaban en el aire sus palabras eran almohadas de nubes. Ella siempre tenía la sonrisa final.

Ella no sabía qué aspecto tenía y el de él tampoco. Eran como dos fotografías una frente a la otra y solo mirándolas con mucha atención se podían descubrir los detalles que las formaban. Pero para los dos no parecía ser importante era suficiente que una dibujara y el otro escribiera. Solo los ojos se veían los de ella dibujaban sin trazos los de él tenían palabras sin hojas. El misterio era que él veía los dibujos y ella leía las palabras.

Ellos sin darse cuenta habían descubierto esa belleza rara de encontrarse. Esa belleza que no tiene trazos ni letras no está pintada ni escrita es como el pasar de las nubes en el cielo del altiplano. Son nubes rostros, besos, deseos y caricias pero no son eso son nubes. Es decir una belleza que tiene la forma de una fantasía que solo pueden compartir lo que sienten sin ver viéndose como se ve las nubes que quizás no son nubes… Se besaron otra vez.

¿Y el miedo? Qué miedo podían tener esos dibujantes hablantes con un desconocido. Pues sin duda el de conocerse. Los ojos de ambos se reían ella dibujaba él escribía ella tomaba café y el prendía un cigarro y solo se miraban y sonreían aunque nunca se habían mirado. Sabían que al encontrarse los ojos tendrán la misma complicidad los gestos del dejarse la misma armonía. Sus seres se habían tocado mucho antes cuando se dibujó la primera palabra: Hola.

Él pensaba en serio que la deseaba mucho que quería quitarle el pincel de la mano y besarla y no dejarla más que ver su corazón jadeante. Pero sin un gesto de ella nunca habría podido hacerlo necesitaba aquella mirada que da vuelta a las nubes en lluvia o sol. No se puede tocar una fantasía si ella no te da permiso. Ella dibujo una sonrisa lenta y lejana. Él entendió que solo tenía que alcanzarla para tocarla ella trazó unos brazos abiertos él los cerró en una sola palabra: Abrázame.

– Antonio Nazzaro

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