Él en el desierto (Segunda nota para el hombre que vi en un sueño):Tania Ganitsky

 

Desde aquí te veo como todas esas cosas
que aparecen cuando escribo.
Como el tigre sin contorno que se fundió en la intensidad del sol poniente,
y como la serpiente que se desenrosca sueño afuera.
En tus manos resplandecen dos círculos dorados
cuando te limpias la arena que las cubre
y una de tus pupilas tiene la forma de la hormiga que trepaba tu pierna
y empujaste de prisa, asustado.
Me gusta que estés en el desierto porque no te recuerdo ni te invoco,
sólo te imagino.
En el desierto siempre alumbra la primera luz y acaece la primera noche,
su vastedad conviene en que allí pase cualquier cosa:
de noche caminas en puntas de pie para evitar el veneno de los insectos
y estás más alto que cuando te fuiste, como la estatua negra de Pushkin
o la de Peter Pan sobre las rocas.
Tu nariz está más pequeña y tus orejas largas e infladas, porque
has empezado a respirar como los peces: escuchando todo.
Te das la vuelta y descubro algo que quizá sea culpa mía:
tu espalda está marcada por los golpes del viento que castiga
a quien no le da la cara a lo real.
Te ha marcado con números cuya cifra no sé contar.

13626635_1101071066605609_6403174092025521928_n

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s